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Escrito tristemente desfasado
Hoy en nuestro mundo, se extiende el hambre, la pobreza, la corrupción, la violencia; pero también ha aumentado la conciencia, la solidaridad, la protesta, el compromiso social organizado, en definitiva: la esperanza, y esta esperanza viene expresada por una ansia de cambio, por manifestar con rotundidad: “queremos otra cosa”; “otro mundo es posible”, un mundo único, sin primeros ni terceros, sin “imperios” ni genocidios.
El nuevo”orden mundial” está visto como una especie de necesidad natural o de leyes racionales del mercado, algo inexorable. Esto origina que, poco a poco, gobernantes, clases sociales, grupos culturales, ONGs, etc., miren este nuevo orden como necesario, una estructura fuera de la que no existe salvación posible o alternativa realista.
La religión tecnocientífica que nació y vive de espalda a la naturaleza y al orden cósmico y, principalmente a la religión, ha producido además un ser humano “deshumanizado” y que se ha confundido a sí mismo con la divinidad. La sociedad excedentaria, la de la globalización económica y de la clonación cultural mundial (pensamiento único), tiene diversos axiomas sobre los que se asienta su funcionamiento, y, sobre todo los que, a sí mismo, se perpetúa. El cartesianismo, el antropocentrismo....han dado luz a una sociedad tecnocientífica en la que la ciencia y la tecnología vive completamente de espalda al mundo natural. Y no contentos con todo eso, pretenden sacrificar la Naturaleza en aras de un paraíso tecnológico, algo así como una Atlántida post-industrial. Es decir, al fusionarse, se ha convertido en la religión más aberrante, el dogmatismo más cruel, la de la nueva brujería que ha dejado en manos de las multinacionales, políticos, empresarios, banqueros, científicos y técnicos el poder del mundo.
Necesitamos, pues, una vuelta al cristianismo original (absolutamente ajeno al mundo actual), en la que el hombre vivía en armonía con la sociedad, con el cosmos, y, principalmente, consigo mismo. Sencillamente, el recíproco enclavamiento del cosmos y de la iglesia, ha de estar fundamentada en el enclavamiento de toda la Creación en Dios. Nuestra espiritualidad cristiana posiblemente ha perdido aquella cosmovisión unitaria y sagrada, sin la cual ser y vivir la humanidad, el humanismo, de Jesucristo resucitado. Si queremos ahora vivir plenamente nuestra fe cristiana, deberemos redescubrir este filón de espiritualidad y trabajar para la restauración de la cosmología sagrada, que se encuentra en el centro de nuestra tecnología. Es el paso más poderoso a hacer en el esfuerzo efectivo de los cristianos para reinvertir la profanación del cosmos que se ha dado y se está dando en el mundo por parte de la sociedad tecnocientífica del neoliberalismo transnacional. El mundo nos necesita y nosotros nos necesitamos siendo y viviendo ¡místicos! ¡contemplativos!. Para empezar –lo dijo el teólogo Rhaner- “El Cristiano del siglo XXI o será místico o no será”
Existe una estrecha relación entre el deterioro medioambiental y la situación por la que pasa el mundo rural.
Es de sobras conocida por todos la situación actual de nuestra sociedad: está perdiendo unos valores humanos y cristianos, dejándose manipular por el márketing de las empresas y por la globalización, en donde prima más el consumismo y la individualización.
Igualmente la discriminación que las personas mayores de 45 años, con capacidad de trabajar están teniendo en el momento de encontrar trabajo, agravado cada día más por el constante cierre de empresas y pérdidas de puestos de trabajo.
Esta situación está originando que en las grandes ciudades y pueblos del mundo ¿civilizado?, esté creciendo la bolsa de pobreza y marginación, en donde, cada día es más difícil la supervivencia y el desarrollo humano. Por el contrario, en los pequeños pueblos rurales, desde hace años, se está produciendo el fenómeno inverso, dejando estos pueblos deshabitados o simplemente ocupados en ciertas épocas del año.
Lo más preocupante de todo es que estamos delante de un inminente desastre. Las cifras sobre la desertización rural en todo el estado español son de escándalo. En los últimos 15 años se han perdido un millón de agricultores en España, y medio millón más que se perderán en los próximos 7 años. De esta forma se han abandonado 1.200 municipios rurales y se han desplazado 10 millones de ciudadanos a las ciudades en los últimos 40 años. A su vez esta despoblación de aldeas y pueblos, también han traído pérdidas irreparables en calidad de vida, métodos agrícolas y ganaderos tradicionales, cultura, gastronomía, detrás del nuevo señuelo del becerro de oro. Para mayores males, si nuestros campos continúan siendo invadidos por grandes empresas agrícolas de la tecnoalimentación, los problemas alimentarios lejos de disminuir aumentarán aún más.
De todas las personas que viven por debajo del umbral de la pobreza en España (8.509.000), cerca de dos millones son menores de 15 años, y 1.743.000 son jóvenes de entre 15 y 24 años, según el Informe General sobre las condiciones de vida de la población pobre en España (EDIS-FOESSA-CARITAS), en el Cáritas Española acaba de publicar un estudio monográfico relativo a la situación de los más pequeños y de la juventud española más pobre.
En cuanto a la pobreza infantil, según el mismo Informe, hay 222.000 niños en situación de pobreza extrema, más de 440.000 en situación de pobreza grave. A estos debe sumarse 625.000 que viven en situación de pobreza severa.
Según Cáritas, cerca de 125.000 jóvenes viven en una situación de pobreza extrema, y más de 291.000 en situación de pobreza grave. En el caso de los jóvenes, la incultura se asocia fuertemente con la pobreza severa, el hacinamiento, y con la falta de equipamientos básicos de la vivienda, incluyendo el paro y la enfermedad.
Existen, bien es cierto, movimientos que fomentan asentamientos humanos en donde las actividades están integradas al mundo natural, y todas las funciones de una vida normal, como vivienda, alimentos, descanso, vida social, etc., están plenamente presentes y proporcionalmente equilibradas, pero carecen de un auténtico espíritu cristiano (kibbutz judíos, comunas hipies, naturistas, etc.).
No sólo es importante la igualdad entre las personas y otras formas de vida, sino que, tan importante como eso, es el crecimiento y la práctica de la caridad cristiana, en donde todas las personas, sin distinción de religión, sexo, color o edad sean tratados como hijos del mismo Padre.
Ahora bien, las comunidades cristianas no dejan de ser comunidades humanas, y sin una verdadera salud humana con su entorno, el respeto al medio ambiente, y sobre todo a las diferencias culturales y sociales de estas personas, el verdadero desarrollo de estas comunidades no será posible
Tal como dice Robert Gilman en su artículo “Ecoaldeas y Comunidades Sostenibles (1991): “El desarrollo humano saludable con su entorno implica un desarrollo equilibrado e integral de todos los aspectos de la vida – físico, emocional, mental y espiritual- Tal desarrollo necesita expresarse no tan sólo en los individuos sino también en la comunidad entera”.
El principio de la sostenibilidad –que la comunidad pueda continuar indefinidamente en el futuro- impone cierta honestidad a estos asentamientos. Sin eso sería fácil (a corto plazo), crear comunidades de escala humana, que parezcan integrados armoniosamente con la naturaleza; pero que, de hecho, viven del capital acumulado en otras partes de la sociedad, o dependen de actividades no sostenibles, o bien no incluyen algunos aspectos de la vida (como la infancia, la vejez). Existe una respuesta por parte de una gran cantidad de ciudadanos de todas partes del mundo en la búsqueda de una forma de vida espiritual, que consiste en enfocar el tema de cómo quieren vivir sus propias vidas en esta sociedad futura sostenible, pero de espalda a la religión y a toda práctica religiosa. Se trata de construir pequeñas comunidades que satisfacen los requerimientos de esta sociedad
Pero debemos darle a estas ideas un enfoque cristiano de cómo crear estas comunidades, de forma que provea una elevada calidad de vida, sin tomar de la tierra más de lo que se le devuelve. Una que no niegue la tecnología existente; pero que considere a la tecnología como un siervo y no como un amo. Una que satisfaga la necesidad humana de vivir en una sociedad con contenido cristiano, espiritual, social, y ecológico que está faltando en la corriente principal de la sociedad contemporánea.
Uno de los principales peligros de esta nueva comunidad cristiana es la convivencia, y uno de sus principales temores son los recursos entrantes, y, por tanto, la subsistencia de cada uno de los miembros que la componen. Por esto los miembros de nuestra asociación, deberán contar con algunos recursos iniciales, hasta que empiecen a dar resultado las actividades propias.
Se trata, pues, de la formación de unas comunidades que sean autosostenibles, que generen una fuente de riqueza comunal para garantizar la calidad de vida, tanto a los miembros en activo, como la de aquellos otros que por la edad o enfermedad han quedado imposibilitados para el trabajo productivo. Se trata de poner en práctica el “ora et labora”; pero sin muros que lo delimiten del mundo exterior, sino integrados en él, y demostrando, día a día, que es posible vivir siguiendo el Evangelio

 
La actual crisis ha variado lamentablemente estos datos, ya que este escrito lo redacté hace nueve años
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